Sobre mi

Cuando era pequeña miraba mi globo terráqueo de plástico y pensaba, "con la de personas que hay en el mundo, qué pena que solo pueda entender a unas pocas y ¿qué pasa si en uno de estos países lejanos está mi príncipe azul?". Por suerte lo último ya lo dejé de creer :-p Pero esta manera de pensar fue la que me empujó a interesarme por otras lenguas y culturas.

  Más tarde, cuando mis sueños infantiles de ser lingüista, antropóloga, exploradora... estaban florecientes, mis padres me enviaron a Dorset, Inglaterra, a estudiar inglés. Fue ahí, donde intentaba entenderme con mi host-family, iba a la escuela por calles anchas y arregladas de un pueblo de casas unifamiliares mirando un mapa para no perderme y donde descubrí el olor a "extranjero" (o más bien Fish&chips), cuando conocí por primera vez esa sensación de pertenencia. - Yo lo llamo así- esa sensación de estar haciendo lo que quiero hacer. Me di cuenta que no iba a ser la última vez que viajaría al norte.



Después empecé a sentir mucho interés por Francia. Antes de mi edad adulta, hice un par de viajes al sur de Francia que ya casi no recuerdo.  También descubrí Alemania al empezar a estudiar el idioma en el instituto. Justo a los 17 años, tuve que elegir como actividad de fin de curso entre hacer el camino de Santiago (que finalmente acabé haciendo unos años más tarde) y un viaje a Alemania.


Obviamente, mi curiosidad por descubrir otro país me tiro hacia el norte. Fue entonces cuando, como si yo me estuviera buscando mi propio destino, en un pueblo cerca de Freiburg llamado Waldkirch, conocí a alguien muy especial. Y pasado un año, me lancé a por todas mudándome a mil kilómetros de mi casa para estudiar en Estrasburgo, Francia (conseguí en un año hablar mejor el francés que el alemán en cuatro años; no es de extrañar).


No hace falta decir que aproveché esos años para conocer la zona. Pero todo tiene un final, menos la salchicha que tiene dos (proverbio alemán...). Y cuatro años más tarde, estaba de vuelta en Barcelona con ganas de conocer un poco mejor mi ciudad y seguir aprendiendo.


Después de un año en Barcelona, que aunque sea cosmopolita y multicultural, a mí me sabe a poco, no es de extrañar que al tener la oportunidad de entrar a trabajar en una empresa de turismo muy internacional, me lanzara de nuevo.




Ahora que he entrado en la vida rutinaria, necesito un rincón para desconectar, evitar que la comodidad de la rutina me haga olvidar que tengo un deseo mucho mayor que todo esto. Que quiero conocer mundo y personas, no solo como parte de mis "vacaciones" sino como parte de mi vida.


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