domingo, 29 de abril de 2012

El incidente que no hizo que dejara de adorar Lisboa

Hasta el día que visité Lisboa, había sido una viajera bastante afortunada. Solo una vez me perdí la cartera en un "viaje", pero fue en mi segunda casa: Alemania-Francia, así que lo consideré como un incidente normal, cotidiano, y no uno de los infortunios que tarde o temprano los viajeros sufren.

Cuanto más viajas, más posibilidades tienes de que te acabe "pasando algo" y con 3 o 4 viajes por año desde mi edad adulta, ya lo estaba echando de menos...


Callejeando por Lisboa

Salimos de nuestro Camping cerca de Lisboa con la moto y la aparcamos en unas plazas para motos. Sin embargo, era la que estaba más a la punta en una esquina y se salía de la linea. Había un guardia por ahí, y yo que soy una cagueta le quise preguntar si la moto estaba bien ahí, por si acaso nos podían multar. El guardia dijo que no, así que la movimos a otras plazas, delante de un restaurante bastante pijo.

Nos fuimos a visitar Lisboa. Nuestro plan era ir a Betlem a última hora, en principio pensamos ir en metro, pero luego decidimos ir con la moto. Así que sobre las 8 de la tarde volvimos donde estaba la Kawasita y la sorpresa fue que.... faltaban los cascos.

Nuestros antiguos cascos.. sniff :-(

Parecía una broma pesada: en una ciudad extranjera, a varios kilómetros del camping y sin poder mover la moto. El primer miedo fue que si la dejábamos ahí, podrían volver con una furgoneta a por ella. No era demasiado probable, pero no hubiéramos dormido en toda la noche. La segunda preocupación fue encontrar una manera de volver al camping si no encontrábamos unos cascos. Y la tercera y más importante, encontrar unos cascos!

La plaza del comercio. Lisboa

Era día festivo y las 8 de la tarde, pero por suerte parece que en Portugal o al menos en las ciudades, las tiendas abren en festivo. Dimos vueltas para encontrar alguna tienda y entonces... Eureka!! Me acordé que había divisado un Corteinglés el día anterior, al visitar la ciudad por la noche. Lo tenía en mente porque nosotros tenemos la coña de que cuando se está en un sitio ajeno sin baño propio el Corteinglés es un lugar muy bueno para las necesidades mayores (negaré haber dicho esto). Así que ahí fuimos.

Elevadores en Lisboa
Lisboa de noche

Por el camino encontramos una tienda de deportes con cascos, que aunque eran malos, estaba abierta hasta las 22h, y en un último caso hubiéramos pillado ahí los que fueran y luego ya los venderíamos por e-Bay y compraríamos unos decentes con calma en Barcelona.

Para llegar al Corteinglés tuvimos que coger el metro, cosa que no estaba prevista. Pero no hay mal que por bien no venga. Descubrimos que el metro de Lisboa es bastante chulo. Cada parada es distinta y justo la parada en la que bajamos  (Parque) estaba decorada con motivos de viaje con una frase que nunca olvidaré "Nao evoluo, viajo". Desgraciadamente estaba muy cabreada como para hacer muchas fotos y mi cámara no es muy buena en la oscuridad.

el metro de Lisboael metro de Lisboa

Una vez ahí nos atendieron muy bien, nos probamos todos los cascos de nuestra talla, y finalmente hicimos una buena compra, los cascos eran mejores que los que teníamos. Aunque hubiera sido mejor pensando bien el tipo de casco, comprándolo en un lugar menos caro y sobre todo sin el 23% de IVA! La broma fueron 270 Euros...

Los nuevos cascos
Al final no visitamos Belem, pero queda pendiente. Al menos me gustó que aunque en estos momentos odias todo y lo único que te gustaría es irte a casa, no perdimos para nada las ganas de conocer ni por eso, nos dejo de gustar Lisboa. Al día siguiente, de camino a Coimbra, ya teníamos ganas de nuevas aventuras y el pequeño incidente de los cascos quedó en una anécdota para contar en el blog :-). Y un aprendizaje, no volver a dejar jamás los cascos atados con un cutre-candado, por muy bien que nos caiga la gente local.



2 comentarios:

  1. Pués anda que en Sevilla... que nos fuimos a visitar la ciudad dejando los sacos de dormir atados con unos simples pulpos... :)

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    1. Es cuestión de suerte, o de mala suerte, al final.

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